Ayer hablaba con una mujer que me contaba el drama que había vivido con su marido, abusador y cobarde, como todos los abusadores.

La victima de nacionalidad colombiana, médico de profesión, supongo que habrá que colgar las etiquetas que tanto nos gustan para enmarcar bien a la persona y con dos preciosas niñas muy pequeñitas. El abusador español, de profesión abusador.

Esta mujer me contaba, muy afectada, como no podía ser para menos, como su suegra cuando la llevaron al hospital sangrando, la decía que tenía que aguantar los malos tratos, que tenía que callarse y bajar la cabeza, que debía de estar agradecida a su hijo, que en su país mataban a la gente así que al final encima tenía mucha suerte.

Vergüenza me daba cuando me lo contaba. Como puede ser que haya gente que hable de esta forma, no peor aún que ni siquiera piensen de esa forma.

Hasta dónde puede llegar la ceguera y la mente retrograda de unos padres que permiten que su hijo abuse de una mujer, es que no piensan en sus nietas, es que su ignorancia profunda no les deja ver la atrocidad tan inmunda de la que están siendo cómplices activos.

Cuando se juzgan este tipo de crímenes,  deberían  juzgar también a esos padres cómplices que han sido testigos y que han permitido tanto sufrimiento.

Que ya está bien que encima pongan como excusa, como atenuante la nacionalidad, ósea que según este género humano, bueno lo de humano es una expresión porque de humanos tienen poco, por el hecho de que alguien venga de otro país ya les da el derecho a pisarles, abusarles y encima que les den las gracias.

A esas personas, que supongo nunca leerán esta reflexión, les digo que no somos mejores ni peores por nuestro país de origen, que el ser españoles no les da derecho a pisar y abusar de otras personas y que son para mí, que soy española una vergüenza y un lastre para nuestra sociedad.

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