El amor es tan importante y sin embargo sabemos tan poco del amor. Creemos que amamos, que sabemos amar, cuando en realidad poco sabemos del amor verdadero. Ejercemos un amor egoísta, creyendo que amamos a los demás y lo único que estamos haciendo es satisfacer las exigencias, carencias y limitaciones de nuestro ego.

 

Existen dos tipos de amor, el amor por necesidad y el amor por elección.

 

El amor por necesidad

La mayoría de los seres humanos amamos por necesidad. Amamos para llenar nuestras propias carencias emocionales.  Este amor por necesidad nos lleva a crearnos expectativas de las personas a las que amamos puesto que necesitamos que sean y se comporten de determinada forma para llenar esas carencias que nosotros tenemos en nuestro interior. Cuando esas expectativas no son correspondidas comenzamos a juzgar a los que “amamos”, ya que no están cumpliendo el objetivo, nos están “defraudando” o mejor dicho están defraudando a nuestro ego, no están sirviendo el propósito de calmar nuestros propios miedos, inseguridades, frustraciones y carencias emocionales.

 

El amor por elección

El amor por elección es la expresión pura del amor. El verdadero amor, el amor incondicional. Amamos porque decidimos amar, sin expectativas, sin juicios. Amamos a la persona tal y como es, sin pretender cambiarla o “moldearla” de acuerdo a nuestras necesidades emocionales. Un amor que no necesita motivo para existir y que simplemente es. Un amor que no espera nada a cambio, que no tiene limites. Un  amor que nace dentro de nuestro corazón y que se desborda hacia todos los que nos rodean.

 

Y tu, ¿amas por elección o por necesidad?

¿Te enfadas cuando las personas que amas no hacen lo que tu esperas de ellos?

 

¿Les reprochas a los que amas cuanto haces tú por ellos y lo poco que ellos hacen por ti?

 

Y es que no podemos repartir y compartir de lo que no tenemos. ¿Cómo podemos amar a otros con un amor incondicional si no existe ese amor dentro de nosotros mismos?

 

Nos han ensenado que hay que amar a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros amigos, pero amarnos a nosotros mismos es de vanidosos y  ¿Cómo pretendemos amar a otros si no somos capaces de aceptarnos a nosotros mismos y amarnos a nosotros mismos?

 

El primer paso para amar incondicionalmente a otro ser humano es amarnos incondicionalmente a nosotros mismos. Dejar de juzgarnos, de repetirnos en qué hemos fallado, en qué hemos fracasado. Dejar de imponernos condiciones para amarnos. Si cometemos errores en esta experiencia llamada vida es porque estamos aprendiendo y los errores que cometemos no son más que parte de nuestro aprendizaje.

 

Todos y cada uno de nosotros somos un milagro maravilloso, este momento que estamos viviendo ahora mismo es un milagro maravilloso, una nueva oportunidad para aprender a transformar nuestro interior, a entender donde están nuestras heridas para que a través del amor puro e incondicional podamos superarlas, podamos eliminar nuestras limitaciones, podamos llenar todas nuestras carencias emocionales, y no tengamos que seguir usando a los que “amamos” como muletas para caminar en esta vida.

 

Sí, yo elijo amarte tal y como eres.

Todos estamos en esta experiencia llamada vida para aprender y no podemos aprender mientras continuemos juzgándonos, mientras  sigamos rechazando todas las bendiciones que tenemos, todos los regalos que Dios nos da, mientras sigamos rechazando el amor puro e incondicional en el cual todos fuimos creados y que representa nuestra esencia verdadera.

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